Sin silencio no hay música

Sin silencio no hay música, sin pausa no hay vida

Vivimos en un mundo acelerado.
Todo es prisa, notificaciones, pendientes que se amontonan.
Y a veces siento que si no me detengo, me pierdo de mí mismo.

Lo curioso es que la música me lo recuerda siempre.
Porque la música, sin silencios, deja de ser música.
Es solo ruido constante, atropellado, imposible de digerir.

Lo mismo pasa con nosotros.
Si no nos damos pausas, si no dejamos entrar el silencio,
dejamos de ser.

En el estudio lo noto:
ese instante en que la canción se detiene,
cuando entra un silencio breve,
todo lo demás se acomoda y cobra sentido.
La siguiente nota brilla más, la voz se siente más cerca,
el ritmo golpea más fuerte.

Creo que en la vida ocurre igual.
El silencio no es vacío: es espacio.
Es donde la calma encuentra lugar para entrar,
donde el alma se asienta, donde volvemos a ser.

Yo necesito esos silencios.
Y sé que tú también.

Así que cuando la vida te regale uno, no lo tapes con más ruido.
Escúchalo.
Hazle caso.
Ahí, en ese respiro, quizá recuerdes quién eres de verdad.

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